lunes 12 de mayo de 2008

Circunstancia

Al llegar a su trabajo se encontró con un obsequio de las circunstancias: el placer oscuro de haberse olvidado el celular en su casa; sin la culpa de la premeditación, y a una distancia prudencial como para no poder volver atrás. Ahora estaba aislada, incluso con la seguidilla de gente que suele acercarse a la recepción y le habla. Hoy no habría cambio de planes repentinos, ni juegos para los viajes alargados en colectivo, ni gente avisando qué hace y qué deja de hacer. Tampoco habría conversaciones (des)controladas, ni tonos de voz y gestos imaginados, ni conjeturas acerca de por qué no contesta.
En cambio todos nosotros sí estaremos preguntándonos por qué ella no nos contesta.
¿Estará enojada?

1 comentarios:

Cai... dijo...

verdad, verdades, prenderlo fuego o olvidarlo y desatarnos de esa cosa perdediza
así q vos también tenés celular.. q sorpresa...