martes 24 de junio de 2008

Herencia

Ella guarda todo (lo que vale la pena guardar) en una caja que era de su mamá. La caja en cuestión es bastante pequeña, por fuera está forrada de violeta con una tela eternamente arrugada, tiene cosidas unas piedras circulares de diferentes colores, y en la abertura le bordaron una guarda de encaje amarillo. Permanece igual que hace unos años excepto por el interior, que lo forró con un vestido (también de su mamá). No quiere llevarla consigo a todas partes; prefiere dejarla en casa porque opina que algunas cosas deben quedarse en el lugar al que pertenecen. No quiere tampoco que se moje en un día de lluvia, o se pierda, o se la abolle una multitud de egoístas autómatas. Lo que sí lleva siempre en un bolsillo del morral, es el pilón de papeles de colores. Cada vez que la sorprende una idea saca un papelito y la anota; ya sea arriba del colectivo, tomando mate con su papá, lavando la lechuga, en una conversación soñada. A su vez estas ideas toman muchas formas: canciones y susurros, galletitas calientes, juegos con pelotas, paredes dibujadas, hilos, gotas. Al final del día junta los papeles y los guarda en la caja, que pareciera volverse más profunda con cada nueva idea que le deposita.

2 comentarios:

Cai... dijo...

Gente meticulosa
como futuros editores de revistass ;)

La seño Rita dijo...

Me parece dulcísimo: la herencia como esas cositas que nosotros mismo elijamos.
Y no hay nada más divertido que escribir papelitos en el momento.

Chuiks