lunes 1 de septiembre de 2008

Campaña

Ser joven, extrovertido y entusiasta eran cualidades demasiado imprecisas y hasta subjetivas. "Una importante campaña comercial" tampoco agregaba demasiada información. Pero ya tenía gastado medio taco del lado izquierdo, y además siempre quiso estudiar marketing. Se puso su único traje, que ya tenía tres años y medio, aunque tuvo que dejarse el saco abierto. Encarpetó un currículum, tomó el diario acribillado con resaltador y salió sin saludar al portero.
Cuatro horas más tarde estaba viajando en camioneta. Sus nuevos compañeros comenzaban a cambiarse con los ojos clavados en sus nudos de zapatilla. Intuyó que si los seguía mirando iba a terminar acobardándose, o incluso lanzando una risotada; pero después de todo no estaba tan mal: un trabajo es un trabajo y el trabajo dignifica, venía debiendo tres meses de alquiler, incluso podría resultar una experiencia divertida, no había necesidad de vivirlo como algo vergonzoso, en tal caso vergonzoso era andar contando las moneditas para el colectivo y además todos en esa camioneta estaban en la misma.
Entonces sus brazos atravesaron el repulgue, sus ojos se ahuecaron, la piel se le doró, la sonrisa le quedó como tatuada. Supo que había nacido en el cuerpo equivocado, que estaba hecho de carne, que ya no iba a ser transparente para la gente ni lo iban a atropellar en plena carrera de microcentro porteño. También supo que ahora se iban a detener para prestarle atención, que ya no iba a poder quitarse el disfraz porque en realidad su disfraz siempre había sido el traje de tres años y medio.
El semáforo le hizo un guiño y él se bajó de la camioneta con unas ganas irrefrenables de bailar en medio de la calle.